Elsa, después de su
casamiento y al haber analizado profundamente sus votos de amor, decide
reforzarlos. Muchos momentos compartidos con su pareja fueron motivos para
plantar la semilla del fruto del amor. Al cabo de treinta y ocho semanas, nació
Zoo, una nena hermosa.
Zoo,
hoy cumple tres años de edad. Tiene unos cachetes grandes y tiernos. Su mamá,
Elsa, todos los días, ata dos colitas para lograr el peinado que le recuerda a
su muñeca pepona de la infancia.
La
niña va para todos lados con su jardinero de animalitos que le regalaron.
Curiosamente ese día, charlando con su mamá, aprendió el nombre de cada animalito
estampado en dicho jardinero y exigió tener un perro como mascota para poder
ofrecerle cariño, ya que no tiene un hermano para jugar. ¿Cómo no regalarle un
cachorro a esa hermosa nena? ¿Cómo decirle que no?
A
pocos días de la plática, Elsa, regresa de su trabajo con una sorpresa. Golpea ruidosamente
para llamar la atención de los presentes en la casa. Al abrir la puerta, deja
caer suavemente un perro cachorro mientras Zoo la mira con esos ojitos tan
tiernos. ¡Qué felicidad podía verse en el rostro de la nena! Lo abraza, lo aprieta
y no deja de agradecer a su mamá. Con el cachorro en brazos, salió corriendo a
su habitación.
En la noche, posteriormente al
armado de la cuna para el recién llegado, pegada a la mesa de luz y a la altura
del brazo, el mismo que saca por la sábana para acariciarlo, observó al
cachorro descansando; el perro posee elasticidad. Duerme plácidamente y sin
dificultad, extendiendo de manera inexplicable las cuatro patas. Evoca en Zoo,
la primera posición de la media luna que aprendió a hacer en la sala gusanito del
jardín de infantes. Como la señorita les dice a las nenas antes de hacer ese
giro gimnástico: la “V” con los brazos, la “V” al revés con los pies. Una nueva
manera de inculcarle las letras mientras hacen deportes divertidos.
Esa
noche imaginó al cachorro caminar parado en dos patas. Así que, la pequeña nena,
se desveló ejercitando al perro. Lo toma de sus dos patas delanteras y lo hace
ir hasta la puerta con sus patas traseras; siempre guiándolo, como a un bebé le
se enseña a caminar. Pudo repetir la acción pocas veces porque su mamá, al
querer darle el beso de las buenas noches, la encontró jugando. Le contó un cuento
para que duerma de una vez, al despertar, debía ir al jardín.
Día
de sol, muchos pájaros cantando, todos los pequeños niños se encuentran
tradicionalmente formando fila para ingresar a la sala gusanito. Las nenas comienzan
a pelear cuando Zoo comentó que tiene un perro relindo. La señorita con mucha
paz, eludió las discusiones para dar inicio al canto de bienvenida. Zoo, esperó
la hora del rincón de juegos para charlar con las demás nenas y explicó lenta y
pausadamente que su cachorro podía caminar. Si ella todas las noches lo hace
dar pasos, con el tiempo, caminaría como todas las nenas lo hacen.
Al
día siguiente, en la sala gusanito, justo a la hora del rincón de juegos, las
nenas contaron que todas sus mascotas podrían lograrlo. Viendo a los padres de
modelos, todos los perros que traiga la cigüeña, llegarían caminando con sus
dos patas traseras.